El desnudo fotográfico y la censura

El desnudo fotográfico puede ser interpretado como una ventana a la intimidad o como una violación de la misma. Pero eso no depende de la imagen, sino del espectador. Es el espectador quien interpreta y matiza. Es el espectador, con su carga cultural y emocional, positiva o negativa, quien da a cada imagen un significado que aplica únicamente para sí, porque ser espectador es un acto meramente individual.

Pero el espectador no se conforma con ser testigo de lo que ve y calificarlo mediante su propia escala de valores: busca, a toda costa, convencer a otros de que lo califiquen igual. Todos, en algún momento, hemos preguntado algo como, ¿apoco no es maravilloso?, esperando que quien nos escucha coincida con nosotros. Y seguramente habremos recibido respuestas diversas, porque no todo es igual para todo mundo. Y eso es perfectamente válido.

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Pero hay quien no tolera que otros piensen distinto y aquí es donde surge la censura. Mientras la expresión, en cualquiera de sus formas, es un derecho inalienable, la censura es un acto autoritario de imposición, pues ni siquiera busca convencer a través del razonamiento. Es simplemente no reconocer, no conceder, no tolerar que los demás puedan tener criterios distintos al nuestro. Y no hay argumento válido que la justifique.

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La censura es suponer, o incluso, dar por hecho que los demás no tienen la capacidad mental o emocional, que no tienen la madurez o el conocimiento, para darse cuenta de lo que ellos ven y califican. La censura es privar a otros de su derecho a decidir por sí mismos.

Y la censura es, entre otras muchas cosas, ridícula. Se censura el pezón de la mujer, pero no el del hombre — ¿acaso no somos todos iguales? Se censura el pezón, pero no el seno. Ridículo. Y ni qué decir de los órganos sexuales. Se censuran como algo prohibido, desagradable, ofensivo. ¿Se censura lo natural? Pensamientos arcaicos llenos de tabúes y prejuicios, sin duda.

La censura no justifica su existencia. Si alguien se ofende por algo que ve, pues que deje de verlo y ya. No tiene por qué forzar a otros a escandalizarse de la misma manera. Porque la censura es exigir a otros que dejen de ver lo que el censor no quiere ver; es exigirle a otros que se dejen llevar por los mismos prejuicios. Es como criticar a otros por comer o no comer carne, por creer o no creer en algo, por querer vivir fuera de una norma que busca eliminar lo que la naturaleza nos ha brindado: la individualidad. Es, en resumen, una gran falta de respeto.

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