Análisis de la fotografía de Steve McCurry

Para comenzar, debo decir que la obra de Steve McCurry es enorme, por lo que con este análisis apenas rascaremos la superficie de lo que este fotógrafo ha hecho desde que inició su carrera. No obstante, al usar imágenes de distintas épocas, adquiere el valor necesario.

También debemos empezar por definir la conciencia y la conciencia visual. La conciencia deja de serlo si una vez que nos percatamos de algo no actuamos en consecuencia. La conciencia visual es percatarnos de todo lo que implica la fotografía que estamos a punto de hacer, desde lo que tenemos en mente hasta la realización misma.

Ya lo dijo Cartier-Bresson: "es poner la mente, el ojo y el corazón en el mismo eje."

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Para iniciar con el análisis, veamos esta imagen de McCurry. Estoy seguro que todos la conocen, la han visto. Todos coincidiremos en que es una maravillosa imagen. Pero, ¿qué la hace maravillosa?

Cuando he preguntado esto, he recibido todo tipo de respuestas, que van desde interesantes hasta ridículas. Por ejemplo, “es una buena foto porque apareció en la portada de la revista National Geographic.” Esto es una falacia de petición de principio. La foto es buena por otras razones, no porque haya aparecido en la revista. De hecho, apareció en la revista porque es buena, no al revés.

“La chica tiene unos ojos muy bonitos.” Esta razón demerita por completo el trabajo del fotógrafo, aludiendo a que si no fuera por los ojos de la chica, la foto no sería buena. De la misma manera, dejaría como real el hecho de que si fotografiamos a una súper modelo guapísima, invariablemente vamos a obtener una foto de gran valor.

“Dice muchas cosas.” Aquí la pregunta que se me viene en mente es, ¿como cuáles? Con tal de opinar, la gente tiende a usar enunciados vacíos.

“McCurry usó equipo profesional.” Al igual que en el caso de los ojos de la chica, afirmar esto demerita la capacidad del fotógrafo, alimentando la falacia de que es la cámara la que hace buenas fotos y no el fotógrafo.

“Reúne todos los elementos de una buena foto.” Esto es igual a la respuesta de que dice muchas cosas. ¿Cuáles son todos esos elementos que hacen que una foto sea buena? Mientras no se enumeren, la respuesta no sirve.

Lo que sí podemos aceptar como válido es que, en la mayoría de sus fotografías, McCurry usa una paleta limitada de colores, usa con frecuencia la técnica del ojo dominante y otras formas tradicionales de composición, y usa elementos simbólicos para transmitir alguna emoción, como lo veremos más adelante.

En cuanto a la paleta limitada de colores, podemos ver que aquí hay sólo rojo y verde. La piel de la chica al igual que su cabello son tonos de rojo.

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En la siguiente fotografía, McCurry recurre a la sección áurea como base de su composición. Podemos ver que el poste, a la izquierda de la imagen, está ubicado justo en la vertical del primer segmento. Y todo ese primer segmento, digamos, el primer tercio, por llamarlo de alguna manera, no estaría integrado a la imagen si no fuera por el brazo de la chica, que abraza el poste. Es ese brazo el que integra ambos lados del poste.

En esta foto, al igual que en la de la chica afgana, podemos ver la paleta limitada de colores: en este caso, rojo y azul. Recordemos que en la fotografía digital se parte, esencialmente, de 3 colores: rojo, verde y azul. El café es una forma de rojo.

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Aquí tenemos un caso similar al anterior, pero en esta foto el poste está justo a la mitad de la imagen, partiéndola en dos. Sin embargo, al igual que en la foto anterior, hay un elemento que integra ambas mitades, en este caso, la mano de la chica. Lo demás depende, en gran medida, de las líneas de dirección. El travesaño de la reja, en primer plano, y los dos elementos verticales cerca del final de la foto, nos llevan al chico que está sentado en segundo plano, a la derecha, y que también está iluminado, aunque no tanto como el sujeto principal, ni está completamente en foco, lo que permite separarlo del sujeto.

Las sombras en el piso, a la izquierda del poste, constituyen otras líneas de dirección que nos llevan al hombre que toca la guitarra. El brazo de la guitarra es una línea más, que nos lleva a las mujeres que se puede ver al fondo. El rectángulo de luz formado por la puerta hace que a pesar de estar completamente fuera de foco, constituya un punto de interés, dándole relevancia a esa mitad y, por ende, equilibrio y valor a la composición completa.

En esencia, la foto es acerca de la chica del primer plano, pero con esta forma de composición, el autor nos deja entrever que hay otras historias por descubrir en la misma foto.

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Arriba tenemos una foto que parece estar perfectamente centrada, pero si observamos con cuidado, nos daremos cuenta que en realidad la composición está basada en la técnica del ojo dominante. Pero también hay un triángulo bien definido, cosa que McCurry parece disfrutar. La paleta limitada de colores es evidente.

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Abajo tenemos otro caso muy similar al anterior, donde la composición está basada en la técnica del ojo dominante y también usa una paleta limitada de colores. Por cierto, en esa paleta limitada siempre vamos a encontrar un color dominante, también. En esta caso, el rojo. El fondo, menos abstracto que en la foto anterior, deja entrever algo de la cotidianidad del sujeto, sin restarle preponderancia a éste. A diferencia de la técnica de la historia dentro de la historia, el fondo en ésta es únicamente un complemento de la narrativa principal.

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En la siguiente imagen tenemos nuevamente la técnica del ojo dominante aunque, quizá por la distancia cámara-sujeto, no es tan precisa como en las fotos anteriores, cosa que no le resta eficacia. Para acentuar al sujeto, McCurry la ha colocado justo frente a la sombra de algo, quizá una viga en el techo, que contrasta maravillosamente con la luz brillante que la ilumina. El equilibrio se logra con la sombra de la chica misma, a la izquierda de la imagen, y la ventana de la derecha. La ventana le da a la foto un punto de interés con la luz que se ve al otro lado de los barrotes. Nuevamente, la historia dentro de la historia. Por cierto, a diferencia de otras fotos de McCurry, en las que usa generalmente equipo Nikon, con esta foto, tomada en Tailandia, usó una cámara Hasselblad digital.

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En la imagen que sigue volvemos a ver el ojo dominante. Ahora que, si bien, la técnica establece que se centre el ojo derecho del sujeto, en este caso funciona centrando el ojo izquierdo pues el sujeto está de cabeza y es su ojo izquierdo el que queda opuesto al ojo derecho del espectador.

Otro aspecto que podemos ver en esta foto es la separación de los elementos de la composición en números nones. Tenemos 4 personas, pero por un lado está el sujeto y por el otro los otros 3 personajes. El sujeto y los dos personajes a sus lados forman, además, un maravilloso triángulo, lo que le da una innegable estabilidad a la imagen. Esto es algo que vamos a ver con frecuencia en las fotos de McCurry. Y, desde luego, tenemos la consabida paleta limitada de colores. Aquí, rojo y azul.

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En esta foto vemos una composición más compleja que se basa en una sencilla, la regla de tercios. El sujeto está en la línea del primer tercio, la horizontal baja cruza el escalón de la derecha, integrándolo, la horizontal alta cruza la cara del sujeto y la vertical derecha ubica los pies que se ve subiendo la escalera. Aquí hay un toque de genialidad por parte de McCurry, pues los pies en la escalera cumplen un doble propósito: primero, son la parte que le falta al sujeto y que McCurry habría cortado en un supuesto error de principiante. Segundo, son el punctum, el acento, la historia dentro de la historia. Nos hacen preguntarnos quién es, a dónde va y por qué corre. Su aparición no fue ningún accidente, ningún error. Para probar esto, basta con seguir la mirada del sujeto que se dirige al escalón donde acaba de estar la persona que sube. De ahí, la inclinación de la escalera es la siguiente línea de dirección y el pie que está más elevado es la tercera. Este juego de líneas nos obliga a seguir dentro de la foto, a seguir mirando al sujeto. El azul predominante ayuda a resaltar al sujeto, que, además, con su cuerpo forma un triángulo que le da mucha estabilidad a la imagen.

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Esta imagen parece caótica, sin embargo, en todo ese desorden McCurry encuentra el orden y la estabilidad de la sección áurea. Si nos damos cuenta, la mujer que sirve el té está en una de las verticales, prácticamente en el cruce de dos líneas. Los personajes del primer plano están en los cuadrantes izquierdo y derecho abajo, y hay personas en los cuadrantes izquierdo y derecho arriba. Hay equilibrio. Aún así, McCurry busca algo que le gusta mucho: la geometría. Y así hay un triángulo bien definido que enmarca a los personajes en primer plano y a la mujer que sirve el té. Pero, además, muy al estilo de Cartier-Bresson, analiza la escena completa y espera el momento preciso para que la mujer que sirve el té sea un reflejo de la mujer que sirve el té en el cartel que está detrás.Y no es un afortunado accidente. Es evidente que la mujer que sirve el té repite constantemente el mismo movimiento y lo único que McCurry tiene qué hacer es esperar el momento decisivo.

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Esta imagen comienza con una sencilla regla de tercios. Y aquí vale la pena recordar que esta regla no necesariamente implica que el sujeto esté justamente en el cruce de dos líneas. Basta con que esté en alguna de las líneas. Pero de ahí cambia a una composición mucho más compleja que comienza con una línea que une las cabezas de los pescadores, seguida por otra que une los pies de los pescadores y que es paralela al horizonte, una más que une las bases de los postes donde están subidos los pescadores. Luego viene la línea de dirección marcada por el paso del pescador en primer plano y, finalmente, la línea del oleaje de la derecha. Otro punto importante es, nuevamente, la separación de los personajes en números nones. Así tenemos al personaje en primer plano por un lado, y los otros tres personajes por otro. Las líneas de dirección le dan a la imagen el ya conocido triángulo que le da estabilidad. Colores predominantes: azul y rojo.

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Aquí tenemos una imagen que parece compleja, pero que en realidad no lo es tanto. Primero, tenemos la separación en grupos con números nones. Así, tenemos a los 3 personajes del primer plano y por otra parte, al hombre del fondo. Los andadores funcionan como líneas de dirección y entonces tenemos la que marca el callejón del fondo, la que marca el andador del primer plano, que se quiebra hacia la izquierda siguiendo la inclinación del vendedor, y la que sigue la cornisa de la izquierda. Todas apuntan al área donde se lleva a cabo la compra-venta, que es el tema principal de esta fotografía.

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Esta imagen tiene una composición muy sencilla y tradicional. Primero, se basa en la sección áurea, con el horizonte en la horizontal superior. Segundo, agrupa a los personajes en números nones. Tercero, usa prácticamente sólo dos colores y, aunque es posible apreciar cierto nivel de detalle en el fondo, el foco está en los personajes.

En conclusión, lo que planteamos al principio se cumple en todas las fotos que mostramos aquí. Hay una paleta limitada de colores, hay un sujeto bien definido, se usa con frecuencia la técnica del ojo dominante y otras formas conocidas de composición, agrupa a los sujetos en números nones, usa el foco como forma de hacer destacar al sujeto, y en ocasiones recurre a los acentos, a las historias dentro de las historias.

Espero que este artículo los estimule a pensar más sus fotografías en términos de la composición, pero sobre todo, que los estimule a buscar su propio estilo.

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